Aún julio: Pisac, Valle Sagrado.
Aún julio: Pisac, Valle Sagrado.
Mii cama no apunta hacia el este
pero tengo en el norte una gran corona de montaña antigua y labrada que dice "aquí estoy".
Llegué luego de un viaje largo que disfruté como si fuera el cruzamiento de un gran portal. Otro de los que me propuse atravesar. Así como si fuera sostener la oscuridad de la medicina en un momento incómodo y fuerte:
sostenerse erguida.
Fueron 27 horas hasta llegar a mi puerto. más de un día y con la compañía de mi luna en su primer día entero. un desafío voraz, agresivo, fuerte.
Viajar en un bus con miedo a morir (parte del acostumbramiento al hedor de América (R.Kusch), sus propias reglas poco occidentales y la sorpresa como bastión) con la compañía palpable de mi sangre.
Tenía el plan de llegar a Pisac antes, para recibir a mi luna tranquila, en quietud y calma. Pero así funciona la cosa.
Me sorprendió entre cacharros mochicas en el museo Larco de lima. De todas formas, hizo su entrada pomposamente. Me acompañó y me dio el regalo inmenso de sentir con mi sistema todo, mi matríz y corazón el poder de las historias, los relatos de cómo se organizó la vida en aquellos tiempos, con informaciones que encontraron y les dieron cuerpo, forma y sentido. Gracias a mi sangre por acompañarme en la emoción de pararme frente a un mundo simbólico y material con el que resueno y al que me traje a explorar.
En el camino de sentir con todo lo que tengo, con todo lo que soy, las ideas se van hilvanando con ramas largas y extensas. Pero ojo, que siempre se unen al mismo tronco.
Será el tronco grueso e imparable, irrefrenable de crecimiento del árbol de la vida, el mismo que les dio la vida por allá a.C y el que llevamos dentro cada quien en cada corazón, el día de hoy y el de mañana.
Si nos lo permitimos, podemos ver con claridad que aquél relato se sigue narrando. Está vivo. Y somos (o podemos ser) agentes de este cuento.
Me paré frente a un cacharro -un huaco- Mochica con la imagen central del árbol de la vida, con una pareja distanciada por su asa estribo
y lloré.
La divina dualidad que da origen a la vida y a todo lo fértil. La imagen del árbol como fruto de la unión amorosa, la regeneración constante, la buena vida en comunidad. En sus ramas y en otras piezas/imágenes arqueológicas que pude ver, reconocí el mismo fruto que crecía en este árbol. No sé cuál será, pero en el camino al Valle lo ví en la feria y en el mercado.
Ayer y hoy es lo mismo.
Esta imagen da la bienvenida a la sala de cerámica erótica, lo cual nos da una idea de cómo organizan la vida estas imágenes y relatos: la unión del amor es CLAVE.
Dista de ser tan sólo una unión por fertilidad biológica, sexual reproductiva. Hay caricias, sonrisas, objetos rituales para el encuentro erótico, donde se le da sentido y simbolismo a cada fluido, a la unión misma, todo esto como fertilidad en las relaciones, en la tierra, en la comunidad, con los dioses.
Y por qué me emociona tanto? Pues porque encontrarme frente a respuestas y torrentes de sentido que hace miles de años otras personas encontraron a preguntas que hoy me hago me resulta una coherencia impresionante. Me confirma que nuestra tarea, además de caminar hacia adelante, es tan simple como recordar.
Qué pasaría con las relaciones humanas si recordáramos tan solo un poco de esta sacralidad?
Si recordáramos lo sagrado de nuestros fluidos, lo sagrado de compartirlos con un otrx, lo sagrado de mantener fértiles y sanos nuestros centros creativos, nuestras matrices, nuestros órganos, nuestras mentes, para generar abundancia y buena vida en comunidad.
No es algo nuevo, es algo que ha organizado civilizaciones enteras, y de igual modo hoy hay quienes nos estamos ocupando de estas memorias.
Son preguntas que cualquiera puede hacerse y practicar en buen diálogo con las relaciones, sin necesidad de pagar programas carísimos a influencers de Instagram para que te den fórmulas o frases bonitas y cerradas que entren en un carrousel de 10 imágenes.
Esto habita en nuestras biologías y conciencias, nada más hay que despertarlas.
Aunque no es nada fácil para quien se atrapa en los juegos oscuros de la mente.
Te recuerdo que también puede ser un espacio con mucha luz y juego (te lo digo y me lo digo).
Para despertar nuestra humanidad hay millones de "ofertas", ancestrales también, aunque me reservo la confianza de cómo son levantadas y ofrecidas.
De lo más hermoso que me hace sentido en mi camino y confirmo con más certeza a cada paso, ha sido comprender que la medicina está en todos lados.
Cliché, pero real.
Mi digestión sobre el asunto es que: las plantas y el trabajo con ellas nos abren la puerta a la matríz, nos dan la oportunidad de cruzar portales muy grosos y poderosos porque entramos en relación.
Y esto es básico, una medicina muy simple!
Si puedo entrar en relación con, primero, lo que me rodea, lo que soy, y aceptarlo, ya crucé un portal.
Si puedo entrar en relación con mis miedos, verlos como son, tocarlos, atravesarlos, ya crucé un portal.
Si puedo entrar en relación con mi tierra/mis tierras, ya crucé un portal.
La medicina de la simpleza está al alcance de TODOSTODAS.
El regalo de poder frenar a mirarnos, también.
Para tocar la luz no hace falta tomar mil plantas, ir a mil retiros en los lugares de moda, vestirse de lino (qué rico el lino y el algodón, pero si usás poliester porque no los podés pagar, no pasa nada! tu campo epigenético responderá de todas formas si te ocupas de muchas otras aristas), y un gran etcétera de esa índole.
Para tocar la luz hay que tocar las propias sombras y volver a salir.
Entrar y salir de las profundidades,
entrar y salir del cielo.
Poder desarrollar la confianza en que mi experiencia me sostiene, y en que hay un camino arquetípico simbólico que ordena los pasos, seamos conscientes de ello o no.
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Mi caminar, mi confianza, intuición y sobre todo mis miedos me llevaron a habitar la Selva Amazónica.
Llegué a la Comunidad de Masisea a visitar a la Lily Sandoval, a quien conocí en 2020 en un taller virtual de Vero Córdoba. Con la oportunidad de conocer la cultura alfarera Shipibo-Konibo de cerca, quedé loca. Estudiamos piezas y algo de su cosmología, y luego pudimos escuchar a Lily. En ese entonces se presentó con su Ícaro (canto), el cual también da forma a sus dibujos en sus piezas y bordados. Comprendí en ese entonces algo de una coherencia gigante: entorno-medicina-imagen-relato-territorio-alfarera. Desde ese momento, quise conocer de más cerca e investigar esta cosmovisión que me pareció coherente a más no poder!!!!!!
Así fuimos tejiendo una relación mediante encuentros en distintos puntos del mapa. El primero en persona fue en el Barro Calchaquí en Salta, Arg, en julio de 2022.
Cuando emprendí mi viaje sin retorno desde Buenos Aires en marzo del 2024, visitar a Lily en la selva era un objetivo.
En el medio sucedió la vida en confianza con sus sorpresas, y me asenté en el sur de Chile, con mi actual compañero a quien conocí también en aquél Barro Calchaquí.
Así es como en medio de muchos movimientos y magias, controversias y miedos, se presentó una oportunidad para hacer este viaje: venir a Perú, luego de 10 años de mi primera vez en este país, ir a la selva y cumplir un sueño.
En el camino me fui dando cuenta de consonancias.
Conocí Perú a los 16 años por un viaje de estudios que hicimos con la Escuela de Cerámica donde estudié desde los 12. Conocí la bastedad de su cultura cerámica y quedé loca. Pero lo más importante que me regaló esa increíble oportunidad que pude tener en mi adolescencia, fue conocer mi interés, gusto y gozo de viajar y conocer otras culturas, su riqueza, su coherencia, en fin, ampliar el mapa/estirar la piel.
También, la primera experiencia del lugar docente, ya que en ese viaje nos movimos por distintos puntos de Lima brindando talleres de cerámica y cine para infancias (con Portavoz Perú, un proyecto de cultura viva comunitaria que aún hoy sigue generando instancias).
Podría decir que fue mi primer viaje iniciático. Aquella Warita no sabía que luego vendrían más.
Esta visita a la selva, en este retorno a Perú, volvió a ser un viaje iniciático.
Con aquella Wari de la mano y mi Wara adulta por delante, crucé un tremendo portal de miedos y de intuiciones, que por cierto, todas fueron ciertas y hasta me dieron más de lo que pude imaginar (claro, así funciona la sincronía universal).
Lo más importante y el mayor logro fue hacerlo, con todo el caudal de miedo que manejaba, pero hacerlo igual.
Y del otro lado del barquito de 2hs desde Pucallpa hasta Masisea por el Río Ucayali
encontré luz.
En la selva encontré toda la luz y bastante oscuridad. (todavía me da un poco de miedo enfrentarme con toda la oscuridad, pero vamos de a poco)
(Continúa pronto)



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